Steve Earle
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En un sentido estricto, Steve Earle no es el típico artista
country, sino más bien un rockero con raíces muy
profundas en la música popular estadounidense. Su figura
empezó a destacar a mediados de los ochenta, cuando Springsteen
ya había conseguido sus primeros éxitos de masas
y Dwight Yoakam empezaba a renovar las anquilosadas propuestas
de la música country. Sin embargo, su firmeza a la hora
de no plegarse ante las reglas impuestas por la escena de Nashville
hizo que Earle nunca llegara a convertirse en un producto típico
del mainstream como ellos. Pero precisamente sería esa
comprometida postura la que haría que desde un primer
momento recibiera un enorme reconocimiento tanto entre los amantes
del country más exquisito como entre los del rock’n’roll
más auténtico. |
Su
emergente carrera se vio frenada a primeros de los noventa por problemas
personales y de drogas, pero, cuando consiguió superarlos
a mediados de esa misma década, retornó con más
fuerza que nunca con algunos discos sencillamente soberbios y aclamados
por la crítica de todo el mundo como auténticas obras
maestras. “Train A Comin’” (1995), “Trascendental
Blues” (2000) o su último trabajo, “Jerusalem”
(2002), demuestran por qué es uno de los personajes más
respetados y admirados del rock estadounidense.
Nacido en Fort Monroe (Virginia), pero criado en San
Antonio (Texas), Steve, hijo de un controlador aéreo, consiguió
su primera guitarra a los 11 años. Desde su adolescencia
empezó a demostrar un talento especial para la música,
pero ya tuvo sus primeros problemas con las autoridades, que se
prolongarían en su conocida actitud vital de permanente rebeldía.
De hecho, su decidida oposición a la guerra de Vietnam le
granjeó ya en aquellos tiempos la enemistad de muchos fans
del country de su ciudad. A los dieciséis años dejó
la escuela, empezó a viajar por todo el país y se
estableció en Houston. Con 18 años, allí se
encontró con los cantautores Townes Van Zandt y Jerry Jeff
Walker, que se convertirían en sus artistas más admirados
y en unos modelos a los que seguir durante toda su carrera. Pronto
se trasladó a Nashville, donde, aprovechando el tiempo que
le dejaban distintos trabajos, empezó a establecer relaciones
con la influyente industria musical de la ciudad. Así, consiguió
que dos de sus canciones fueran interpretadas por Patty Loveless
y Johnny Lee, y también lo iba a hacer Elvis Presley con
otra, pero éste nunca se presentó a la sesión
programada para ello. Tras unos años en Nashville, Steve,
cansado de la ciudad y su ambiente, regresó a Texas.
Allí creó una banda, The Dukes, con
la que empezó a tocar en clubs locales, pero sólo
durante un año, porque casi inmediatamente regresó
a Nashville. Su reputación como autor siguió creciendo
gracias a canciones como “When You Fall In Love”, que
Johnny Lee llevó al número 14 de las listas de country,
o “Mustang Wine”, interpretada por el mismísimo
Carl Perkins, por lo que pronto llegaría su primer EP, “Pink
and Black” (1982). Un fallido primer contrato con Epic (cancelado
en 1984) terminó con muchas de las ilusiones primerizas de
Steve, pero se recuperó firmando al año siguiente
con MCA, que reconoció sus posibilidades en el movimiento
que estaban iniciando Dwight Yoakam y Randy Travis con un disco
tan impresionante como “Guitar Town”. Fue un éxito
absoluto. La canción que le daba título llegó
al Top Ten en el verano de 1986 y el siguiente single, “Goodbyes
All We’ve Got Left”, hizo lo mismo a principios del
87. A finales de ese año editó un nuevo trabajo, “Exit
O”, también aplaudido por la crítica y con muy
buenas ventas, pero quizás con una orientación más
rockera, segurmante provocada por la presencia de su banda de acompañamiento,
The Dukes.
Pero si su carrera empezaba a despegar, su vida personal era cada
vez más complicada. Se divorció de su tercera esposa,
se casó dos veces más y sus problemas con el alcohol
y las drogas no hicieron más que crecer. Su tercer disco,
“Copperhead Road”, aún más rockero, no
recibió ningún apoyo por parte de las radios y la
prensa country, aunque llegara al número 56 en las listas
de rock. Se acercaba peligrosamente al concepto de AOR tan de moda
por entonces. Paradójicamente, su colaboración en
ese disco con los irlandeses The Pogues le hizo famoso en Europa,
y a finales de los 80 empezó a girar frecuentemente por Inglaterra.
Tras nuevos problemas
(fue arrestado por atacar a un agente de seguridad en uno
de sus conciertos en Dallas), se editó “The Hard
Way”, que fue un fracaso comercial a pesar de incluir
el pequeño hit “The Other Kind”. A finales
de 1991, MCA decidió no renovar su contrato, y a partir
de entonces, las distintas adicciones de Earle volvieron a
traerle complicaciones con la justicia, y terminó sentenciado
por posesión de heroína y trasladado a un centro
de rehabilitación. Aquella rehabilitación, por
cierto, funcionó, y así en 1995 grabaría
para Winter Harvest “Train A Comin’”, su
primer disco en cinco años, y consiguió espectaculares
críticas y grandes ventas, lo que le llevó a
un contrato con Warner, que editaría en 1996 “I
Feel Alright”. El proceso de recuperación fue
completo, no sólo en el aspecto personal y anímico,
sino también en el artístico, puesto que cuando
editó “The Mountain” (1999), un disco de
bluegrass, consiguió incluso rescatar a su audiencia
country. Su nuevo y altísimo nivel se confirmaría
poco después con el espléndido “Trascendental
Blues” (2000) y el recientemente editado “Jerusalem”
(2002). |
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Su último trabajo es “The Revolution
Starts Now” (2004, Artemis).
Steve Earle estuvo por primera vez de gira en
España con Love To Art. Actuó, en formato acústico,
en el Auditorio La Lonja de Sos Del Rey Católico (Huesca)
el 14 de agosto y en el Azkena Club de Bilbao el 16 de agosto de
2003. Ya con su banda, The Dukes, participó en el Azkena
Rock Festival (Vitoria, septiembre de 2003).
Ahora vuelve en gira en mayo de 2005
··········Actualizado
en marzo de 2005.
Copyright © 2002 Love to Art.
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