Quique González
CANCIONES PARA INFUNDIR VALOR (“La noche americana”)
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La noche americana es el quinto
álbum de Quique González. No hay duda, es evidente
que se trata de un disco cinematográfico. Desdramatizando
y manteniendo intacta su política de autor de barrio,
dice que es más bien peliculero. La noche americana es
además del término técnico para definir
la nocturnidad simulada, la película de François
Truffaut que documentaba su obsesión por el metacine.
Pero hay más. Quique González, que hasta ahora
se había revelado como espléndido atleta del rock,
corredor energético en sus discos más expansivos
(Personal y Pájaros Mojados) y gran fondista
(Salitre 48 y Kamikazes enamorados, donde
se atrevió incluso con la prueba de campo a través);
apuesta en La noche americana por el cine pugilístico.
La atmósfera que tema a tema compone transpira el sudor
del género. Cuando tras innumerables problemas con la
industria, huyó hacia delante, hacia la independencia
total, ya entonó un gritó de guerra batallador:
clamó a los cuatro vientos en una inspiradora carta que
a partir de ese momento “pelearía a la contra”.
Con lo primero que se boxea es con la cabeza, eso lo dice cualquier
coach que se precie. Así que desde Kamikazes enamorados
Quique González ha aprendido a aprovechar el impulso
de sus golpes de talento, beneficiándose de una técnica
como escritor de canciones cada vez más depurada. |
Hay muchas películas
de boxeo, algunas de ellas las menciona o las invoca sutilmente
en La noche americana. A pesar de que él es de los
que crecieron contemplando el auge y declive de Rocky, Cuerpo
y alma, de Robert Rossen –el director de El Buscavidas-,
conecta de un modo mágico con la épica de este disco.
Es la historia de un luchador que descubre que sus puñetazos
sirven a intereses espurios, y emprende un desgarrador combate para
mantenerse fiel a sí mismo. La protagonizó en 1947
John Garfield y la escribió Abraham Polonsky, perseguidos
por la caza de brujas del senador McCarthy al igual que Rossen.
La novelista Belén Gopegui escribió una vez que Cuerpo
y alma era una película “para infundir valor”.
El mismo efecto tienen las nuevas canciones de Quique González.
LAS
CANCIONES
“Tener encaje sin perder empaque”,
reivindica desde Hotel Solitarios. Preservar la dignidad frente
a la tentación de convertirse en insoportable campeón
del mundo. En un universo en el que abundan los triunfadores
de lo obvio, en el que asegura en la divertidamente rabiosa
Justin y Britney que hay demasiadas canciones prefabricadas,
demasiados idiotas con acento rancio que “están
trabajando en elliiooo”, Quique prefiere militar en la
liga de los antihéroes. Prueba a imaginar a los que habitan
El campeón, una historia con moteles, sueños rotos,
bares de carretera y rubias a la espera de una oportunidad.
Son personajes que siempre ha definido bien. Ahora necesita
concretar menos para plasmarlos. En 73, una canción que
llevaba algún tiempo prometiendo, documenta con una sobriedad
desarmante la dramática desaparición en su barrio
de la generación inmediatamente anterior a la suya. Un
recuerdo de adolescencia, el de una noche de hogueras de San
Juan, le ayuda a evocar la memoria de “los primeros en
saltar por encima del fuego”, todos aquellos que cayeron
como moscas por la heroína. Aparte de un lúcido
y poético rescate, ofrece una eléctrica y sucia
explosión que encantaría al mismísimo Jeff
Tweedy de Wilco. No sería lo único; muchas canciones
se han enriquecido de un proceso de deconstrucción similar
al del Yankee Hotel Foxtrot de la banda de Chicago.
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¿Será casualidad, o La noche
americana hace alusión a la definitiva inmersión
de Quique González en el territorio del alt-country, de la
Americana? Hay alguna otra prueba que podría confirmarlo.
Sin ir más lejos, Alhajita, una añeja canción
de Manuel José Castilla y Eduardo Falú que cantó
Atahualpa Yupanqui y que se mueve en las fronteras por las que suelen
deambular Caléxico.
Hay además rock insolente, como en Hotel
Los Ángeles, recuperando la vena setentera y stoniana que
se le echaba de menos desde hace un par de discos. Días que
se escapan contiene una de las mejores letras que Quique González
ha escrito jamás. Una perla: “Días que se escapan
de las manos/ corren como coches robados/ días que brillan
sobre piso mojado”.
¿Estaría pensando en Matthew Sweet
cuando escribió Cien motivos? ¿O quizá en Ron
Sexsmith? En sus canciones siguen estando sus clásicos favoritos
–Tom Petty, Van Morrison, Neil Young, Bob Dylan, Steve Earle,
etc.-; pero la discoteca de Quique González ha crecido y
eso se nota. Nunca ha tenido la necesidad de sonar “moderno”,
pero tampoco está obsesionado con escribir sobre los guiones
pautados por los grandes. Muestra personalidad incluso eligiendo
a los invitados para sus grabaciones, estilísticamente distintos
pero unidos por una misma sensibilidad y entrega. El hombre que
ganó el Oscar con Al otro lado del río, el uruguayo
Jorge Drexler, cantó días antes de irse a Hollywood
en Me agarraste, consiguiendo una combinación de una enorme
dulzura. Una casualidad: en una línea del estribillo cantan
“al otro lado del puente”.
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La
gente de Quique González brilla una vez más
poniendo su talento al servicio de las canciones. La complicidad
e intuición de los músicos de la banda (Joserra
Sanperena en el piano, Toni Jurado con registros muy distintos
a la batería, Jacob tocando el bajo, Carlos Raya haciendo
del virtuosismo de sus guitarras marca de sencillez y buen
gusto...) alcanzan en Se equivocaban contigo un momento de
tal arrebato emocional que sólo cabe la despedida,
la ovación imponente que debería cerrar el disco.
José Nortes comparte de nuevo labores de producción
con Raya, con la novedad de Richard Dodd, pope de Nashville
solicitado por Johnny Cash o Tom Petty, masterizando. |
En La noche americana, Quique González
continúa su firme línea ascendente. No hay prisa por
tumbarte al segundo asalto, por la vía fácil del gancho
a la barbilla –y eso que el primer single, Vidas cruzadas
es un temazo de lo más directo-. Quique lleva tiempo trabajándose
un conmovedor, gozoso, envolvente, K.O. técnico. No te pide
que te rindas; sólo que sigas disfrutando con él de
la pelea.
Escrito por Manuel Piñón
··········Actualizado
en marzo de 2005. Copyright
© 2002 Love to Art. ··········
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